CNN hace eco de conflicto de poderes en El Salvador

La cadena de televisión internacional CNN en Español entrevistó este día a Florentín Meléndez, magistrado de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador. La periodista colombiana Claudia Palacios, en entrevista vía Skype, abordó al magistrado salvadoreño en relación al conflicto de poderes que mantiene al país al borde de una crisis constitucional.

Durante el desarrollo de la entrevista –que tuvo una duración de seis minutos–, y en un intento por contextualizar la problemática a la audiencia internacional, Palacios cuestionó a Meléndez acerca de porqué precisamente durante la gestión de la actual Sala de lo Constitucional se ha generado el conflicto, algo que no ocurrió con los jueces que les precedieron. Florentín Meléndez respondió que “esto ha sucedido porque (los actuales magistrados) decidimos resolver la amplia mora de diez años que tenía la Sala de lo Constitucional sobre temas tan sensibles en materia electoral, en materia presupuesto, en materia de libertad de expresión y sobre otros temas de relevancia nacional. Precisamente porque comenzamos a tocar temas trascendentes en el país, que nadie los había tocado antes en la Sala de lo Constitucional, han surgido las reacciones de los poderes políticos y del poder ejecutivo en El Salvador. Pero es nuestra tarea, Claudia. Todos los tribunales constitucionales tenemos la obligación de resolver las demandas ciudadanas en tiempo“.

En la entrevista también se abordó el tema de la ley de amnistía, así como también la posibilidad de encontrar una salida al conflicto a través del diálogo.

Para acceder a la entrevista, puedes dar click al siguiente enlace.

Indignación bicentenaria

Escrito por Carlos Cañas Dinarte (*)

Aunque aún no se ha cerrado el lamentable capítulo del enfrentamiento entre los tres Órganos del Gobierno de la República de El Salvador, la ciudadanía residente dentro y fuera del territorio nacional puede ir sacando algunas conclusiones preliminares de toda
esa situación, por demás penosa. En las siguientes líneas, haré el intento de proponer algunas de esas conclusiones posibles:

a) En esta historia, toda la clase política nacional ha dicho verdades a medias o ajustadas a sus particulares necesidades, en mayor o menor medida. Por un lado, ha habido diputados y diputadas de la Asamblea Legislativa quienes expresaron su respaldo directo, mediante votos, al decreto 743 para limitar la actuación de la Sala de lo Constitucional de la CSJ. Mientras tanto, otros alegaron que firmaban el decreto porque si no lo hacían iban a caer en fallas administrativas y en violaciones al reglamento interno del funcionamiento legislativo (¿qué pena o castigo les pudieron haber impuesto si se hubieran negado a firmarlo, a sabiendas de que aquello era una aberración jurídica?). Luego, vino el respaldo explícito de la Presidencia de la República, la negativa a reconocer que aquel paso no era para darlo en tan poco tiempo y que el decreto debió haber sido estudiado. Al final, todo ha desembocado en acusaciones mutuas de componendas bajo la mesa, negociaciones ocultas y supuestos documentos de respaldo firmados por los magistrados. Todo, absolutamente todo, solo ha formado parte de cortinas de humo para intentar desviar la atención pública de los verdaderos orígenes del problema de poderes.

b) Al dar todos esos pasos a traspiés y hasta con involuciones, los partidos, la Asamblea y la Presidencia, incluidos algunos miembros de la misma CSJ, solo han puesto en evidencia la debilidad fundamental de El Salvador: su falta de democratización de las instituciones, su carencia misma de institucionalidad y su incapacidad manifiesta de contar con mecanismos plurales de diálogo y negociación. En verdad, es preocupante y penoso que cada quien que ha emitido opiniones o comunicados en este asunto lo haya hecho desde el “yo” y con el ánimo explícito de acabar con “el enemigo”, a la vieja usanza. Y es más lamentable aún que los “llamados al diálogo” hayan caído en sacos rotos, porque no se ha llegado a esa posibilidad con la intención suprema de atender
razones de Estado, sino tan solo con el propósito explícito de doblegar, a como dé lugar, la labor de los 4 magistrados de la CSJ. Eso, damas y caballeros, se llama autoritarismo. Y lo peor del caso es que en estos días ese autoritarismo ha brotado tanto de las entrañas de las derechas como de las izquierdas políticas.

c) Ha habido evidencia palpable de un despertar de un amplio grupo social que había permanecido en silencio por mucho tiempo. Hombres y mujeres jóvenes, en su mayor parte de áreas urbanas del Gran San Salvador, con estudios universitarios, más de algún otro idioma en su haber, se han manifestado por medio de las redes sociales y han logrado movilizar a decenas de personas hacia puntos específicos de la capital. Para quienes quieren quedarse cortos, a eso lo han llamado “el movimiento de los indignados”, “la acampada” (muy alejada de las intenciones del 15-M de Madrid y otras ciudades de la España de mayo y junio del año en curso) o “la primavera de San Salvador” (lejana en el tiempo y el espacio de Praga y de aquel movimiento aplastado por los tanques soviéticos). ¿Por qué tratar de encasillar a ese grupo inclasificable dentro de un mismo bloque y con viejas categorías? Es más, hasta se trató de encontrarle una ideología y un líder evidente. Desde luego, no los había ni los hay. Ese movimiento es nuevo no solo en el tiempo, sino también en su forma de actuar y de hacerse sentir. Para muchos –analistas y diputados, sobre todo-, el movimiento es pequeño y sin importancia. En lo personal, no lo creo. Quizá no tenga aún toda la presencia mediática y pública que se necesita, pero apenas es la primera expresión de un descontento, de un hartazgo, de un sentimiento que se va trocar en acción manifiesta y contundente en las venideras elecciones. Para entonces, ojalá que ya el nefasto mecanismo de los cocientes y residuos electorales haya desaparecido y que la elección de los gobiernos municipales y legislativo sean por voto directo, con o sin banderas dentro de las papeletas. Ese va a ser el verdadero escrutinio de la fuerza desatada por este movimiento “invisible” ante los ojos de quienes no lo quieran ver.

d) Desde luego, no está demás señalar que las nuevas tecnologías han servido como plataformas directas para que muchas personas, residentes fuera del país, nos aprestáramos a salir en defensa del Estado de Derecho y de la institucionalidad desde lugares tan diversos como Ciudad de México, Buenos Aires, Madrid, Milán, Barcelona y otros puntos más. La experiencia política y ciudadana obtenida en otros puntos del planeta por decenas de personas salvadoreñas se ha puesto al servicio de esa causa, en el sentido de que ha permitido orientar el debate en las redes sociales, hacer señalamientos puntuales y movilizar a muchas personas para que se interesen en sus propias comunidades en el extranjero y que se unan a esa defensa de la labor de la CSJ y de los manoseos que en su contra aún se están llevando a cabo.

e) Cuando mucha ciudadanía y organizaciones, universidades, asociaciones profesionales y demás comenzaron a expresarse con dureza contra la actuación de los Órganos Legislativo y Ejecutivo, las voces de alerta y repliegue comenzaron a sonar dentro de los partidos y de las mismas curules. Pero no fueron voces que atendieran en sí al clamor ciudadano y que quisieran devolver la estabilidad necesaria al país. Eran llamados urgentes para no perder votos, para no dejar salir más caudal político de aquellos esqueletos políticos que son varios de los partidos aún “en contienda”. En ese sentido, todos los partidos políticos deben asumir, desde ya, que han perdido electores y votos, porque de esta historia nadie va a salir en estado puro.

f) Para una masa cada vez más creciente de ciudadanos y ciudadanas, los actuales partidos políticos ya no responden a las exigencias de un país de la segunda década del siglo XXI, sumido en los efectos de una crisis económica mundial y en una situación interna de actividades del crimen organizado, corrupción en muchos sentidos, inseguridad en otros tantos sentidos y falta de oportunidades para el sector juvenil más esperanzado. Así, las ideologías del pasado –donde se hablaba de buenos y malos, pueblo, patria y demás términos- se ha quedado atrás. Ya no funcionan en El Salvador del presente, pero los partidos se empeñan en mantener esas fórmulas y en tratar de venderlas al electorado. Tampoco funciona ya aquello de dar tamales, llaveros, vasos o camisetas para ganar el favor del posible votante. No funciona, al menos, entre el electorado urbano y cada vez más educado, abierto a escuchar otras opiniones a través de la radio, la TV, los periódicos y, sobre todo, mediante el uso de los recursos de la internet y las redes sociales, donde todo puede quedar al descubierto y ser evidenciado, al más puro estilo WikiLeaks.

g) Por otra parte, esta coyuntura ha abierto un espacio urgente y necesario para un diálogo al interior mismo de los partidos políticos, de cara a replantearse sus fundamentos e ideologías. ¿Socialismo y nacionalismo, comunismo y anticomunismo en pleno siglo XXI? ¿Desarrollo humano? ¿Integración regional? ¿Cuál es ahora y cuál debe ser la esencia ideológica de esos institutos políticos que todavía no se atreven a despojarse de sus ataduras con el pasado? Para darse una respuesta, es necesario que los mismos cuenten con cuadros intelectuales. Pero hay algunos partidos que, de manera expresa, han subrayado que no tienen intelectuales porque no les son necesarios ni imprescindibles. Bueno, los resultados de esa forma de pensar saltan cada vez más a la vista.

h) Las universidades, los tanques de pensamiento, las asociaciones profesionales y las organizaciones sociales deben responder también a las necesidades del nuevo tiempo. También sus categorías de análisis y de propuestas ante la sociedad salvadoreña deben evolucionar, para que quede bien claro cuál es el tipo de sistema político, social, económico, educativo y cultural que se quiere para El Salvador de lo que resta del siglo XXI y más allá.

Esta es aún una historia en proceso. Por el momento, no se le advierte un final ni sencillo ni en el corto plazo. Debe tenerlo, por el bien de la institucionalidad, de la democracia, de la gobernabilidad, la gobernanza y la buena marcha de los tres órganos gubernamentales. Lo que sí debe quedar claro es que este es un momento crucial en la vida de todo el pueblo salvadoreño. Hace 200 años, en noviembre de 1811, un grupo de patriotas decidió apostarle al futuro y se lanzó, desde San Salvador, Metapán y Sensuntepeque, a tomar el control administrativo de las manos mismas de las autoridades de la corona española. Ese fue el inicio del proceso independentista. Ahora, 200 años más tarde, la ciudadanía se ha lanzado a las redes sociales, a las plazas y a las calles a exigir que haya otra independencia, la de los poderes del Estado y del Gobierno, porque eso es garantía de futuro y de la buena marcha de la democracia. Es el tiempo en que quizá, desde diferentes formas y expresiones del pensamiento, se debiera de pensar en la refundación del Estado. Millones de hombres y mujeres de El Salvador, dentro y fuera de las fronteras del territorio, nos lo merecemos. Y lo exigiremos.

  • (*) Investigador de la cultura salvadoreña, cuenta en su haber con varios libros y artículos publicados. Reside fuera de El Salvador desde hace poco más de un año.

¿Quiénes son los magistrados?

Para entender el revuelo causado por la aprobación del decreto legislativo 743 es necesario saber lo hecho en los últimos meses por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

La Sala está formada por cinco magistrados: el presidente de la Sala y también presidente de la CSJ, Berlarmino Jaime, y los magistrados Sidney Blanco, Florentín Meléndez, Rodolfo González y Néstor Castaneda.

Desde que la actual conformación de magistrados está vigente, julio de 2009, la Sala de lo Constitucional ha emitido 26 sentencias de inconstitucionalidad. La mayoría de las sentencias, 16 de ellas, fueron aprobadas con cinco votos. El resto de las sentencias fueron aprobadas por cuatro votos. Lo curioso es que dos de esas 10 resoluciones tuvieron la firma del magistrado Néstor Castaneda.

El detalle de las sentencias se puede consultar en este cuadro facilitado por la propia Corte Suprema de Justicia.

Lo que ha molestado de la Sala de lo Constitucional no es su falta de unanimidad; lo impertinente para la Asamblea Legislativa es el alcance de las sentencias. Nadie pasó por alto las resoluciones que permiten las candidaturas independientes o la inconstitucionalidad de la presidencial partida secreta, sentencias aprobadas con las firmas de los magistrados Jaime, Blanco, Meléndez y González.

¿Quiere saber más de estos cuatro magistrados? ¿cuáles son sus razonamientos para determinar las sentencias de inconstitucionalidad? Lea este especial publicado por el periódico El Faro, con entrevistas a los cuatro magistrados.

Política para menores de 3 años

(Escrito por César Castro Fagoaga, periodista salvadoreño)

La primera explicación del presidente Mauricio Funes después de firmar el 743 fue muy creativa. Claro, él no sabía lo que ocurriría un par de días después.

“Lo que estamos haciendo es obligando a que la Sala busque el consenso, especialmente por la materia de los asuntos que resuelven. Si las demás Salas resuelven por unanimidad, ¿por qué la Sala de lo Constitucional no lo va a hacer?”, dijo el presidente convencido, como casi siempre, de sí mismo.

El argumento parecía sólido, tanto que fue copiado por políticos, diputados, magistrados y los del PCN y PDC, que merecen, por méritos propios, clasificaciones especiales. La gran razón para atar a la Sala de lo Constitucional era, después de todo, democrática: para que decidieran juntos.

Pese a que la unanimidad es tan extraña en El Salvador (ni los diputados deciden por unanimidad, ni nosotros somos unánimes cuando los elegimos, caso contrario Ciro estuviera extinto), esta vez la Asamblea Legislativa lo decidió así.

“Así funcionamos todos. Todas las salas votamos por unanimidad. No es que no vaya a haber trabajo dentro de la sala, o que este se vaya a estancar”, dijo la magistrada de la Sala de lo Penal, Rosa María Fortín, para congraciarse con el barullo.

La Sala de lo Constitucional, como sabemos, declaró inaplicable el decreto legislativo 743. Esto trajo consecuencias, tanto que obligó a Ciro a tartamudear en público: “Si yo digo ‘no acepto esa ley’, estoy desacatando. La comisión política (del congreso) debe hacer un análisis de esto. Si ellos no tienen la razón, pues habría que buscar qué sanción se les puede aplicar”. Rodolfo estuvo de acuerdo.

Todo estaba bien hasta que ARENA decidió recular y el FMLN optó por ser… por ser el FMLN. Aún no sabemos lo que motivó al ex presidente Cristiani a intentar corregir “en aras de mantener la gobernabilidad”; tampoco sabemos qué ha llevado a Medardo González a saltarse la lógica y ahora acompañar el decreto por el que su partido, ejem, no votó. Puede que sea la costumbre, la necesidad de estar enfrentados, pero tampoco queremos especular.

Lo divertido, en cualquier caso, es imaginarse ahora al presidente Funes. ¿Nadie le dijo que la intención era, realmente, controlar a la Sala de lo Constitucional? ¿Nadie le dijo que el miedo a ser procesado lo puede todo? ¿Nadie le informó que a veces hay “falsas informaciones”? ¿Nadie le contó que la unanimidad era solo la excusa?

Van dos años y seguramente el presidente habrá notado que el cinismo y la falta de sentido común no han cambiado en los políticos salvadoreños. Hay cosas que, pese a las buenas intenciones presidenciales, no cambian.

Sobre cómo cazar camaleones

(Escrito por: Orus Villacorta)

Permítanme el atrevimiento de arroparme en las pieles de la clarividencia. La coyuntura actual de un país ajeno al que, borrachos de ingenuidad, solíamos llamar “nuestro”, me lo demanda. Permítanme la dureza de cuestionar actos desleales que aún no han ocurrido. Y permítanme ser pesimista, porque van a ocurrir. De nuevo.

Una plenaria, un decreto atroz, un pueblo minúsculo que (porque tiene acceso a redes sociales) se cree mayúsculo y reacciona al palpar el rebalse del magma colectiva de la In(dig)Nación. Todos interactúan en un futuro visceral al que ya me arrepiento haber profetizado.

Pero hay un presente, uno en el que las plenarias cabildean pactos bajo una mesa que por asquerosa ya apesta; uno en el que los decretos son testigos de cómo el ‘Liquid Paper’ del cinismo canjea términos como “unanimidad democrática” por otros como “rectificación” o “falsa información”; y uno en el que el pueblo minúsculo se cree vencedor de luchas sin violencia, pero a la vez carentes del antídoto a la deserción.

Y de pronto el presente se vuelve pasado. Y el futuro muta al ahora. Y los calendarios despojan sus hojas del costado de los refrigeradores. Y en ese futuro, que ahora es presente, la plenaria continúa cabildeando atrocidades, porque en la vorágine del pesimismo los malos siempre ganan. Y no es que sean muchos malos o que sean muy listos. Es que son muy listos en ser malos. Otra hoja caída y el arma será un nuevo decreto. Otra hoja caída y la deserción habrá asfixiado al pueblo minúsculo.

¿A qué voy?

Hablando claro, lo que quiero decir es lo siguiente:

  • Todos los partidos políticos salvadoreños vigentes son descendientes directos del camaleón. Un día castigan el decreto 743. Otro día lo defienden. Como el camaleón, olfatean su presa y adoptan el color que más les convenga para engullirla. Y esa presa es muy obvia, pero a la vez volátil: todos los caminos llevan a la urgencia del voto.
  • Justo cuando ARENA extravía la vergüenza para hacer un comunicado en el cual admite públicamente que legislaron basados en información errónea, justo en esa coyuntura, el secretario general del FMLN (Medardo González), insta a que se aplique el decreto. ¿Es esto el juego de la papa caliente? Que alguien le cuente a Funes que no es escondelero.
  • Y puestos a sospechar. ¿No será que a los tres les abochorna el decreto 743 y ninguno quiere llevarse el costo del desgaste público, pero a la vez juntos anhelan su implementación? Como bien me decía Carlos Cañas Dinarte: “este país hace tiempos que se quedó manco de ideologías”.
  • Otra más. Ayer, a última hora (de acuerdo a publicación de El Faro), un abogado identificado como Manuel Antonio Cortez Melendez, ingresó en la Corte Suprema de Justicia una demanda de inconstitucionalidad por la Ley de Amnistía y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (algo así como la encarnación del “coco que asusta a los niños que se portan mal”). ¿No será esto una maniobra para motivar a los cuatro Magistrados a que muevan ficha y a la vez ganar tiempo para incidir en un posible cambio de postura de la población más vulnerable?
  • Por último. ¿Cuál es la manera más eficaz de cazar a un camaleón? Pues nada más que la vigilancia. Esta coyuntura del decreto 743 pronto pasará. Conviene preguntarnos: ¿pasarán también las acampadas y la In(dig)Nación en las redes sociales? Vuelvo a remitirme al pesimismo. Solo en la vigilancia encuentro una propuesta efectiva de cazar al camaleón. Si el empuje desmaya, pronto el reptil mutará de color y ni nos daremos cuenta de cuándo nos haya maniatado con su lengua. Curioso, esa es otra coincidencia.

Concluyo este post con la música que inspiró estas líneas. Les dejo la siguiente canción del gran Robert Allen Zimmerman, no sin antes hacer algunas aclaraciones:

  1. Las frases resaltadas van con dedicatoria. Ayúdenme ustedes (en la sección de comentarios) a encontrar el destinatario más apropiado.
  2. La canción que escuchan en este video es un cover de la original. Esto debido a la paranoia de Sony Music, que ha impedido que a través de Youtube escuchemos la voz original y resacosa del gran Zimmerman.
  3. Robert Allen Zimmerman suele ser más conocido como Bob Dylan.

Los tiempos están cambiando

Venid a reuniros, gente
por donde quiera que vaguéis
y admitid que las aguas
a vuestro alrededor han crecido
y aceptad que pronto
estaréis calados hasta los huesos.
Es vuestro tiempo para vosotros
vale la pena salvarse
luego es mejor que empecéis a nadar
u os hundiréis como una piedra
puesto que los tiempos están cambiando.

Venid escritores y críticos
que profetizáis con vuestro bolígrafo
y tened los ojos bien abiertos
la oportunidad no volverá
y no habléis demasiado pronto
puesto la rueda aún está girando
y no hay manera de contar a
quién está nombrando.
Puesto el perdedor ahora
será el que luego gane
puesto que los tiempos están cambiando.

Venid senadores, congresistas
por favor haced caso del llamamiento
no os quedéis en la puerta
no bloqueéis la sala
puesto que el que sea herido
será el que se entretenga
hay una batalla ahí fuera
y está rugiendo.
Pronto hará temblar tus ventanas
y vibrar tus paredes
puesto que los tiempos están cambiando.

Venid madres y padres
desde todo el país
y no critiquéis
lo que no podéis entender
vuestros hijos e hijas
están más allá de vuestro control
vuestra antigua carretera
está envejeciendo rápidamente.
Por favor, salid de la nueva
si no podéis echar una mano
puesto que los tiempos están cambiando.

La línea está dibujada
la maldición está lanzada
el que sea lento ahora
será luego el rápido
y el presente de ahora
será luego el pasado
el orden se está
diluyendo rápidamente.
Y el primero ahora
será luego el último
puesto que los tiempos están cambiando.

Manifiesto In(dig)Nación

Los partidos políticos ARENA, GANA, PCN y PDC, avalados por el presidente de la República, Mauricio Funes, han atentado contra el Estado de Derecho al quebrantar la independencia del Poder Judicial, condicionando maliciosamente las facultades de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

La modificación del artículo 14 de la Ley Orgánica Judicial representa el reiterado divorcio con el bien común y el menosprecio al funcionamiento de las instituciones democráticas por parte de la Asamblea Legislativa. Dicho decreto fue aprobado para que su vigencia caduque junto con el actual período del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Belarmino Jaime, y los magistrados de la Sala de lo Constitucional: Florentín Meléndez, Sidney Blanco y Rodolfo González. El carácter transitorio de esta medida es un ataque directo a la labor sin ataduras partidistas y apegada a derecho de los magistrados de la Sala de lo Constitucional.

En un Estado acostumbrado a legislar y gobernar rebasando la Constitución de la República, cuatro magistrados de la Sala sentaron un precedente al emitir resoluciones ceñidas a las leyes vigentes, obviando presiones particulares y políticas.

La esperanza era el veto del presidente Funes, pero el presidente decidió sumarse a esta vergüenza. El Órgano Ejecutivo tuvo la oportunidad de defender el equilibrio necesario entre los tres poderes del Estado, tal y como lo establece la Constitución de El Salvador, en su artículo 86. Sin embargo, Funes sancionó el decreto legislativo con una sospechosa brevedad, anulando un espacio prudente a la reflexión, al diálogo y a la consulta.

El 1 de junio de 2009, ante el entonces presidente de la Asamblea Legislativa, Ciro Cruz Zepeda, Mauricio Funes juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, un juramento que también suscribieron los diputados al momento de asumir el cargo. “Sí protesto”, dijo Funes, poco antes de que Zepeda le dijera “si así hicieres, que la patria os premie y si no, que ella os lo demande”.

Presidente Funes, hoy se lo demandamos.

Asamblea Legislativa, hoy se lo demandamos.

Este manifiesto busca unir la sociedad salvadoreña, en forma no violenta, para ejercer medidas de presión inmediatas. Aspiramos ser un movimiento civil no partidario, incluyente y plural para vigilar el cumplimiento de los preceptos constitucionales de El Salvador.

Estamos indignados y decepcionados. Pero la indignación no sirve de nada si no es el motor para los cambios. Es inútil enfurecerse si nos quedamos en las casas, en las oficinas, sentados perplejos, a la espera de que los partidos políticos, avalados o no por el presidente, cometan una nueva injusticia.

Necesitamos medidas más efectivas. Las acampadas y las manifestaciones, como las que ya han iniciado en San Salvador, son el rostro visible de la indignación, pero no deben ser las únicas opciones. El movimiento al que aspiramos persigue como objetivo primario la movilización hacia la acción. Y creemos que dicha movilización solo podrá incidir si obtiene un respaldo en la manifestación pública.

Es necesario presionar a los tres poderes del Estado. Los partidos políticos, incluido el FMLN, que se negó a censurar lo hecho por el presidente Funes, deben estar bajo la lupa. La movilización hacia la acción consiste en ejercer presión a través de la vigilancia ciudadana: la coyuntura actual demanda sacar del anonimato a cada uno de los políticos que participó, operó, propició y permitió el decreto que hoy rechazamos. Esto con dos fines muy concretos: individualizar su participación o relación en empresas para bloquearlos mediante el no consumo; y para convocar el rechazo electoral.

Estas propuestas deben estar acompañadas de otras, pues el decreto contra la Sala de lo Constitucional no es la única razón que motiva a este movimiento. La clase política de El Salvador nos tiene hartos. Estamos abiertos a más iniciativas que ayuden a fortalecer el escrutinio ciudadano. El primer paso fue dado por la propia Sala de lo Constitucional al declarar inaplicable el decreto 743. Las demandas civiles para confirmar la inconstitucionalidad deben ser la continuación. La presión debe ser más intensa a partir de hoy.

Ha llegado el momento de tomar acciones claras y concretas para hacer efectiva la presión más allá de la retórica y la protesta improductiva. Las personas, la ciudadanía, nos declaramos en vigilancia estrecha a partir de este momento.

Si deseas sumarte a este esfuerzo colectivo, puedes hacerlo al ratificar el presente manifiesto en la opción de comentarios.

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